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Introducción
Prólogo
por la Lic.
María Cristina Galán
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Introducción
Imagina por un momento que tuvieras que criar y
educar a tu hijo en un medio salvaje. Donde diera sus primeros pasos
entre serpientes y depredadores.
¿Cuánto crees que duraría su vida en esas circunstancias?, y ¿tu
equilibrio nervioso donde estaría?. Sin embargo los animales lo hacen.
Enseñan a sus hijos a cazar, a cuidarse de ser cazados y a evitar
peligros topográficos, sin que por ello observes a
madres y padres
alterados y nerviosos. Con total confianza
realizan el trabajo de guiar e inculcar a sus crías seguridad y
calma mientras que su lazo
de amor, lejos de alterarse, se acrecienta día a día. Imagina ahora,
los peligros a los que está expuesto tu hijo en casa, con disyuntores
de electricidad automáticos, equipos electrónicos de seguridad para
las piscinas, juguetes de materiales especiales y con piezas de tamaño
que no puedan tragarse, a todo esto las primitivas madres humanas los
criaban sorteando precipicios mientras sus hijos aprendían a gatear.
Si hoy debiéramos criar a nuestros hijos en esas
circunstancias, no solo morirían casi todos a temprana edad, sino que
madres y padres llegarían al suicidio o la locura a causa del stress.
Los lazos familiares se destruirían, y ni pensemos en las consecuencias
psicológicas de los adolescentes que sobrevivieran a tan estresante niñez.
Pensarás que muchas crías humanas morían en épocas primitivas, pero
puede demostrarse de manera simple que una tasa de mortalidad elevada
nos habría extinguido como especie a causa de nuestra baja capacidad
reproductiva. Te demostraré esto en este
sencillo libro con números y evidencias.
Este planteamiento es el que me hice al educar a mi
hija, la cual hoy es ya una maravillosa adolescente, feliz, alegre,
juvenil, segura, además de responsable
y cariñosa.
Como educador de animales y estudioso del comportamiento pedagógico
salvaje me llamaba poderosamente la atención ver a algunas madres
humanas zamarreando a sus hijos por las calles acompañados de gritos. A
los hijos caprichosos en las tiendas que tocaban todo lo que no debían
o se dirigían a la calle peligrosamente,
mientras sus madres corrían detrás exasperadas.
¿Porqué un cabrito de la montaña sabe desde tierna edad que no debe
acercarse a determinadas partes de un precipicio? ¿son acaso más
inteligentes que nuestros hijos?, sin duda que no. Nuestros hijos
alcanzan a los 2 años el grado de inteligencia de un lobo adulto, y a
los 6 el de un chimpancé, para superar intelectualmente a partir de esa
edad a todos los animales.
Quiero compartir contigo los simples y naturales métodos pedagógicos
con que los animales crían a sus hijos.
Estos métodos son los mismos que me permitieron
que mi hija se criara en una relación distendida y cariñosa, donde los
lazos se han fortalecido.
A los 11 meses daba sus primeros pasos y si se dirigía a un lugar
peligroso, yo solo debía decirle que no, con total calma, para que ella
se aleje del sector y venga a buscar afecto conmigo como cualquier
cachorro animal con sus padres.
Esta relación tan simple y natural, no solo te dará resultados
inmediatos en la primera infancia, sino que facilitará las cosas en la
conflictiva etapa adolescente, cuando ya los peligros son diferentes,
pero no menos graves. La siguiente es una carta que
me entregó mi hija a los 14 años de edad, junto con su regalo del día
del padre: Para
Mi papá
Deseo que este domingo lo pases como lo mereces, porque sos y fuiste un
papá ejemplar que me cuidó y protegió siempre, perdonando mis errores
y ayudándome en todo.
Perdón!
Perdón que mi arco iris a veces termine en errores o que el querer
ayudarte te traiga más trabajo, pero no por nada se dice " la
intención es lo que vale"
Gracias!
Gracias por ayudarme a superar mis fracasos y reconocer mis errores.
También te agradezco por respetarme, colaborar siempre con mis
actividades y muchas
"gracias por ser mi papá"
El Bebú |