Reflexiones Las Enfermedades Profesionales del Entrenador No se trata esta de una profesión con mayores riesgos, por el contrario, el trabajo con movimiento físico y al aire libre, generalmente en parques y espacios arbolados, es muy saludable. Sin embargo existen dolencias que son típicas en los adiestradores con algunos años de labor, y que pueden evitarse si se toman los debidos recaudos. Artículos para adiestradores profesionales No se trata esta de una profesión con mayores riesgos, por el contrario, el trabajo con movimiento físico y al aire libre, generalmente en parques y espacios arbolados, es muy saludable. Sin embargo existen dolencias que son típicas en los adiestradores con algunos años de labor, y que pueden evitarse si se toman los debidos recaudos. Muchas personas querrían padecer la insalubridad de la profesión del adiestramiento canino. En realidad no se trata para nada de una actividad que presente serios problemas para la salud. Se trabaja al aire libre, en constante actividad física, el stress se ve disminuido por la permanente presencia en parques y plazas. Sin embargo, hay algunas dolencias que suelen aparecen luego de haber trabajado unos cuantos años en esto. La primera tiene que ver con la forma de manejar la traílla. Sabemos que el cierre del collar se emplea como corrección, a modo de mordida sobre el cuello del canino. Este debe ser rápido y abrir inmediatamente, es decir, cierra y abre al instante. Para dar este efecto, muchos entrenadores emplean el brazo izquierdo, realizando un movimiento como el llamado “patada de burro” en entrenamiento con pesas, es decir, impulsan la traílla hacia atrás como su el brazo imitara una cos. El resultado de esto, es que con el correr de los años comienzan a notarse molestias en el codo, con el síndrome conocido como “codo del tenista”. Para evitar esto, lo mejor es emplear el brazo derecho, o usar ambos alternativamente, evitando así que la apófisis del codo sufra los impactos permanentes. Otra dolencia muy común, sin dudas la que casi todos los entrenadores hemos padecido luego de pasar los 10 años de trabajo, son las lesiones en la rodilla izquierda. Esta rodilla se encuentra de lado del canino, y es la que sufre permanentes golpes laterales dados por el cuerpo de caninos voluminosos y a veces algo torpes que se encuentran aprendiendo a caminar juntos. Los ligamentos de la rodilla se van lesionando poco a poco, y los movimientos laterales provocan el desgaste prematuro. Lo mejor para evitar esto, que padecen el 80% de los adiestradores experimentados, es emplear una rodillera articulada. Existen varios tipos de estas rodilleras, generalmente confeccionadas en neoprene, con articulaciones plásticas, que permiten el movimiento normal de flexión y extensión, pero que presentan rigidez ante los impactos laterales. Tengamos en cuenta que no es problema adiestrar uno o dos caninos cada tanto, pero 20 caninos por día, durante 5 o 6 días semanales, a lo largo de años y años, significan una sumatoria de golpes que van provocando un daño, el cual se sentirá más adelante, cuando ya las lesiones sean bastante pronunciadas y molestas. Los tobillos puede sufrir también en aquellos adiestradores que no cuiden su sobrepeso. El entrenador trabaja con su cuerpo, y debe cuidarlo como una herramienta. Por lo tanto debe cuidarse el sobrepeso, ya que 20 minutos trabajando con un canino equivalen a una caminata de más de 1200 metros, aunque no lo parezca por caminar en círculos, idas y venidas, esa es más o menos la cantidad de esfuerzo que realizan los tobillos y rodillas. Si se adiestran 20 caninos diarios, a lo largo del día las articulaciones habrán sufrido un esfuerzo equivalente a una caminata de 24 kilómetros. Al otro día igual, y al otro, y al otro, y al mes siguiente, al año siguiente, y pasados los 30 años de edad empezarán los arrepentimientos. No es difícil mantener el peso adecuado cuando se es entrenador, ya que con tanta actividad física solo se debe cuidar un poco en las comidas, sin necesidad de privarse demasiado. Pero aquellos adiestradores profesionales que ostentan una voluminosa presencia están destinados a dejar la profesión en medio de dolores tarde o temprano. Dos precauciones sanitarias que es conveniente tomar. Una, la que no debe faltar, es una correcta vacunación antitetánica. Esta vacuna no es costosa, se aplican tres dosis correctamente distribuidas y su duración es de 10 años como mínimo, de modo que no vale la pena correr el riesgo por solo tres pinchazos. La otra precaución es un tratamiento preventivo antirrábico. Quizás suene exagerado, ya que son casi nulos los casos de rabia. Pero no me gustaría ser una noticia en los periódicos bajo el titular “REAPARECIO LA RABIA, HABRÍA UN CASO REGISTRADO”. Quienes trabajan en los institutos de control de animales callejeros suelen hacerse estos tratamientos preventivos. Es verdad que el adiestrador profesional no trata con caninos vagabundos, sino con caninos que llevan un control sanitario, pero aún así yo siempre preferí tomar precauciones. Esas son las pocas prevenciones que debemos tomar para poder trabajar durante muchos años en esto, no es mucho pedir, y nos evitará la probabilidad de futuros arrepentimientos. Para nosotros los adiestradores hombres, debemos incluir en nuestro equipo de trabajo y llevarlo siempre en el auto, un protector inguinal de los que se emplean en artes marciales. Los lectores que ya han padecido un cabezazo en nuestras zonas más dolorosas de algún San Bernardo, Gran Danes, o razas por el estilo, sabrán porqué lo digo. Son adminículos incómodos, pero solo los utilizaremos en aquellos cachorrones grandes y brutos durante los primeros días, hasta que los hayamos disciplinado un poco. Orlando