El Rincón del Entrenador Más a cerca de los ojos del adiestrador (gestos y parpadeos) Hace tres números atrás, comenzamos con el tema de las pupilas y su comportamiento En la nota anterior deje a los lectores una inquietud. La referida a la mirada fija y sostenida en los casos opuestos. Se miran fijamente dos boxeadores y se miran fijamente dos enamorados, ¿cual es la diferencia entre una y otra mirada? Una de las diferencias es la que ya tratamos, la dilatación de las pupilas. Los dos boxeadores tendrán la pupilas contraídas, mientras que los dos enamorados tendrán las pupilas dilatadas. La otra diferencia es el elemento a que hicimos referencia brevemente en aquella nota: el parpadeo. El estudio de la mirada contempla diferentes aspectos, entre los más relevantes encuentran: la dilatación de las pupilas, el número de veces que se parpadean por minuto, el contacto ocular, la forma de mirar. La mirada regula el acto comunicativo, con la mirada se indica que el contenido de una relación nos interesa. La mirada transmite información a quien la dirigimos, a la vez que nos permite obtener información del otro. La mirada asimismo expresa emociones, no solamente sabemos cómo se siente el otro sino que él sabe que nosotros conocemos su estado de ánimo. Asociamos diversos movimientos de los ojos con una amplia gama de expresiones humanas. El número de veces que se parpadea por minuto esta relacionado con la tranquilidad o el nerviosismo. Cuantas más veces parpadea, más inquieto se sienten los individuos. Entre los humanos se mira más cuando se escucha que cuando se habla. Entre los lobos se mira más cuando se ordena que cuando se obedece. El mantenimiento ocular se refiere a cuánto tiempo prolongamos el contacto de nuestra mirada con la del otro individuo. Las miradas prolongadas sin parpadear se usan cuando se intenta dominar, amenazar, intimidar o influir sobre los otros. Si bien un contacto ocular demasiado largo se considera como manifestación de superioridad, amenaza o actitud amenazantes, entre los humanos un contacto ocular poco prolongado suele ser interpretado como falta de atención, descortesía, falta de sinceridad, falta de honradez, inseguridad o timidez. Tanto en humanos como en perros el dejar de mirar a los ojos, bajando la vista suele ser tomado como signo de su misión. Podemos diferenciar a los individuos de status alto, dominantes y poderosos, de aquellos de status bajo, sumisos y no poderosos, prestando atención a las formas de mirar de cada uno de ellos. El individuo de menor poder mira más al poderoso en general, ya que el menos poderoso tiene más necesidad de vigilar la conducta del que tiene más poder. Esta vigilancia, le proporciona al que tiene poco poder información referente a las actitudes del individuo de más poder, que puede utilizar para ajustar la suya propia. Por otra parte así puede mostrar que está pendiente del que tiene poder, de que le interesa lo que transmiten, y acepta su posición de status en la interacción, vemos entonces que el de menor rango mantiene más tiempo la vista sobre el mayor rango, mientras que el de mayor rango sólo sostiene su mirada sobre el de menor rango cuando tiene necesidad de hacerle notar su supremacía, una vez que ésta supremacía ha quedado clara, el superior no mantiene la mirada sobre el subalterno. Lo que diferencia, hablando estrictamente en términos de expresión de los ojos, la mirada subalterna de la mirada dominante, es el ritmo del parpadeo. El de menor rango mantendrá la vista sobre el superior con un ritmo de parpadeo más acentuado. Por otra parte, prescindiendo de los rangos, el sostenimiento de la mirada como mero acto de atención, indefectiblemente estará acompañado de un parpadeo más frecuente. Si miramos al perro en momentos de desaprobación debemos omitir el parpadeo. Por el contrario si lo que buscamos es mantener atento a nuestro perro durante la realización de algún trabajo, la frecuencia del parpadeo será incrementada. Esto puede parecer difícil pero suele hacerse de manera automática cuando se adquiere la experiencia suficiente en el manejo de los perros, porque además debemos tener en cuenta que todo va acompañado con una serie de actitudes corporales, fonéticas, y gestuales, que manifestaremos constantemente durante el trabajo. Recordemos lo manifestado por uno de los alumnos de nuestros cursos y que publicamos en la nota de El Universo Canino número 18, " ...además del tamaño de la pupila, al principio para acentuar la señal, cuando el perro respondía bien yo pestañaba muy rápido para felicitarlo, cuando se equivocaba, yo fruncía el ceño para reprimirlo ..." quien está leyendo esta frase puede hacer el intento de parpadear frecuentemente teniendo el ceño fruncido, notará que es bastante dificil, y que naturalmente al fruncir el seño disminuye la frecuencia del parpadeo. Más allá de haber fruncido el ceño lo que estaba haciendo el adiestrador era cesar el parpadeo. Eso fue lo que el perro interpretaba como aprobación o desaprobación. Orlando Eijo