El Rincón del Adiestrador
Por qué los perros encuentran con el olfato
Esta es una parte de un módulo del Curso de Detección de Químicos y Rescate de Personas. Vamos a publicarlo aquí en forma gratuita como entrega única (NO continuaremos con esta nota en los siguientes números), pero pretendemos con esta única entrega que se entienda porqué el perro puede emplear el olfato para identificar miles de millones de olores diferentes. Para esto lo comparamos con nuestra visión, ya que una causa psico-morfológica es la responsable de tal desarrollo.
El profesor Vitus Dröscher relata en su libro Magie Der Sinne Im Tierreich (Münich 1966) una anécdota interesante:
... En medio del enmarañado soto, el perro pastor seguía el rastro del delincuente. Con su hocico al ras del suelo, olfateando constantemente, caminó 20 metros a la izquierda, pero dio luego media vuelta y siguió el rastro en dirección contraria, hasta descubrir, media hora más tarde, al delincuente escondido en un matorral.
- Fíjese señor profesor (dijo el criador de perros quien había seguido al pastor con la correa rastrera) ésta es la mejor demostración de que el perro no olfateó del rastro sino que lo ha percibido con otro sentido, aún desconocido por nosotros. Porque el animal, sólo por su olfato, no podría determinar si la pista discurría de derecha a izquierda o a la inversa"
El experimento, que tuvo lugar en la década de los años cincuenta le planteó un grave problema profesor Walter Neuhaus, de la Universidad de Erlangen. Como especialista en hocicos canino, siempre había considerado como algo lógico y natural que los perros reconociesen y siguiesen los rastros gracias a su olfato. ¿No será quizás tan lógica y natural esta idea, como siempre se había creído?.
El experto creador de perros expuso su segundo argumento contra la ciencia: " yo puedo ponerme ahora las botas de goma, el olor con toda certeza no atraviesa la goma y el perro, sin embargo encontrarán el rastro ". El experimento realizado confirmó la aseveración. Con el fin de investigar la sorprendente fenómeno, el profesor Neuhaus inició los trabajos necesarios para investigar una vez más, y hasta el más mínimo detalle, sobre este complejo problema de la detección del rastro.
Cuando una persona camina con los pies descalzos por un terreno cualquiera, con cada paso que da pierde aproximadamente unos cuatro mil millonésimas de gramo de olores caprílicos. Parece como si tal cantidad fuese una menudencia, una insignificancia, pero es muchísima si contamos las moléculas olorosas que deja cada pisada, son muchos billones. Los zapatos de piel pueden evitar algo de esta pérdida de moléculas olorosas, pero así y todo con cada paso se imprimen en el suelo algunos miles de millones de moléculas de ácido butírico, una cantidad que todo perro rastreador será capaz de percibir fácilmente con su olfato. Los zapatos de goma impiden más aún su paso pero no del todo. A través de una goma de 0,2 mm de espesor de un zapato recién estrenado, el olor del pie la atravesará en sólo 8 minutos después de puesto. Una goma de 2 cm de espesor se impregna de sustancias olorosas, como si fuese una esponja, en 38 horas, luego de ello imprimirá con sus pisadas el aroma como si se tratara de un sello dejando sus rastros de tinta en un papel. La nariz humana no lo percibe pero un perro lo huele perfectamente. Todo lo expuesto era para demostrar que aquí no está en juego nada sobrenatural sino única y exclusivamente un sentido del olfato extraordinario.
Los seres humanos, con su gran y pronunciada nariz no pueden alcanzar jamás la calidad y del sentido del olfato canino. Esto se debe fundamentalmente a que la nariz humana no tiene una función olfativa sino que se trata de un calentador de aire. Si observamos un corte transversal de la misma encontraremos que la mayor parte de la corriente de aire circula muy alejada de la pequeña superficie olfatoria que se encuentra en la parte superior. Esta pequeña superficie tiene sólo 5 cm cuadrados, mientras que la misma superficie en la nariz de un perro es de 150 cm cuadrados. Sin embargo dentro de esos 150 cm cuadrados la concentración de células nerviosas olfatorias son mucho mayor que en el humano. Mientras que un ser humano posee cinco millones, las distintas razas de perros van desde los ciento veinticinco millones a los doscientos veinte millones de células.
Si comparamos estas cifras que acabamos de dar podemos pensar que el perro huele 44 veces mejor de la persona. Sin embargo este cálculo no tiene nada que ver con la realidad ya que la capacidad del sentido del olfato canino se calcula en un millón de veces superior a la humana. Es evidente que la respuesta a dicha capacidad no se encuentra solamente en la mayor superficie olfativa ni en la mayor concentración de células sensoriales si no en el sistema que emplea el sentido del olfato canino para separar y tabular los distintos aromas.
Para darnos una idea de hasta donde llega esta capacidad pensemos en un ejemplo. El ácido butírico es la sustancia olorosa que pierden tanto animales como seres humanos. Un gramo de este ácido contiene siete mil millones multiplicado por 1 billón de moléculas, es decir una cifra imposible de representarla en nuestra mente. Si dichas moléculas se esparcen uniformemente distribuidas por todo el volumen de un edificio de unos diez pisos, el ser humano igualmente sería capaz de percibir su aroma, recordemos que estamos hablando de 1 g de dicho ácido. En cambio se distribuimos uniformemente esa cantidad de moléculas por todo el espacio aéreo de la ciudad de Hamburgo hasta una altura de 100 metros, un perro igualmente seguiría siendo capaz de detectar su presencia. ¿Cuántos volúmenes de edificios de 10 pisos entran en el volumen de la ciudad de Hamburgo hasta una altura de 100 metros?, esa es la proporción entre al capacidad olfatoria del perro y la del humano.
Los perros reconocen los olores de manera inequívoca, como si se tratara de una fotografía. Y cuando decimos esto tenemos que pensar entonces en que para poder comprender lo que significa reconocer individualmente diversos aromas mezclados, debemos compararlo con lo que nosotros podemos hacer con el sentido de la vista.
El olfato selectivo de los perros y la visión selectiva de los humanos
Observemos los círculos de colores que se encuentran mezclados en el esquema. La mayor parte de los seres humanos, a menos que tengan algún inconveniente visual, pueden individualizar fácilmente al pequeño círculo gris. Prestemos atención al interesante hecho de que este círculo gris se encuentra perdido en medio de círculos de mayor tamaño y colores más llamativos, sin embargo en medio de movimientos y de imágenes de mayor atracción, seguimos siendo capaces de individualizar al círculo gris que estamos buscando con nuestra vista.
http://www.orlandoeijo.com/images/identificacion.gif
Cuando un perro localiza unos pocos gramos de un químico, como por ejemplo una droga, que había sido ocultada dentro de un paquete de café cuyo aroma es muy fuerte, está haciendo uso de un sistema similar al que nosotros empleamos con la vista para localizar al círculo gris, es decir que el perro es capaz de separar los aromas concentrándose únicamente en el que le interesa ubicar y dejando de lado su interés por los otros.
Yo he realizado exhibiciones en las que un perro detector de mi propiedad lograba localizar 5 g de una sustancia química guardada dentro de una pequeña bolsa de polietileno, a la cual el había rociado por fuera con aromas intensos tales como alcanfor y desodorantes en aerosol, y que había sido colocada posteriormente en el tanque de combustible de un automóvil. La cantidad e intensidad de aromas que envolvía a la pequeña bolsa eran descartadas por el cerebro del perro ya que se concentraba únicamente en detectar la presencia de las escasas moléculas del químico para el cual había sido adiestrado. Resulta sorprendente lo hecho por mi perro pero sin embargo es similar a lo que hacemos nosotros al localizar el pequeño círculo gris del gráfico que observamos anteriormente.
Sistemas de letreros caninos
Cuando un perro orina un poste, está dejando un mensaje escrito a la altura de la nariz de los perros que pasen por el lugar. Este "letrero" oloroso tiene informaciones diversas tales como quién es el perro que lo ha dejado, en qué estado anímico se encuentra, si ha estado cerca de alguna perra en celo, etc. Habrá notado el lector que cuando una perra entra en celo en la zona la noticia corre rápidamente, esto se debe a que el perro que la olfatea provoca cambios en su propia orina, con la cual da aviso a todo el vecindario del acontecimiento a través de sus mensajes en los postes.
Los seres humanos somos animales de alta capacidad visual, dado nuestro origen frugívoro estamos preparados para discernir distintos tipos de formas y colores, lo cual nos ha servido para encontrar y seleccionar nuestros alimentos en la copa de los árboles. En cuanto a olores no tenemos una capacidad demasiado elevada. La persona promedio podrá distinguir entre una docena y quizás unos cien tipos de olores diferente. Un catador de vinos debidamente entrenado puede alcanzar una cifra de más elevada. Un perfumista altamente preparado puede quizás distinguir algunos miles. Pero los perros no tienen límite en cuanto a la cantidad de aromas diferentes que puedan distinguir. Para ellos existen tantos aromas diferentes como individuos diferentes de diferentes especies animales, es decir, no sólo existe el olor a conejo sino que para el perro existe el olor a este consejo, el olor a aquel otro conejo, el olor al conejo de más allá, es decir que existen tantos olores como seres diferentes. Cada individuo animal tiene un olor que es una mezcla de numerosas sustancias del tipo de ácidos grasos que se encuentran combinadas de acuerdo una composición y concentración de sus deferentes componentes en forma individual. Así como el número de documento de cada persona es la combinación de una serie de números en hilera que terminan arrojando un número diferente para cada persona, de la misma manera la combinación de los olores de sus ácidos grasos le dan una identidad que al olfato del perro es tan exacta como para nosotros lo es leer su documento. Esto significa que cada ser posee un aroma absolutamente personal e irrepetible como sucede con las huellas dactilares.
La visión de la huella
Nos quedó en el tintero el tema de porque el perro pastor sabía en qué dirección discurría la huella dejada por el supuesto delincuente. Dijimos que el perro siguió las huellas hacia un lado durante unos metros para luego detenerse e invertir el sentido de su recorrido, dado que se percató que el delincuente se había movido en esa dirección y no en la contraria. Lo que sucede es que al cabo de unos escasos segundos el olor de una pisada se ha modificado tanto que cualquier perro sería capaz de percibirlo tan sólo recorriendo algunos metros. Una pisada tiene entre sus componentes olorosos una combinación de informaciones. La forma en que se rompe el pasto hace que la pisada de una persona y de otra sean diferentes, ya que el romper el pasto de distintas maneras hace que las plantas arrojen aromas diferentes. La descomposición de los jugos de esos pastos hace que los más recientes tengan un aroma distinto a los más antiguos. Y por sobre todas las cosas la volatilización de los ácidos de la persona que ha pasado, hace que la pisada más reciente tenga un olor más fuerte que la más antigua.
http://www.orlandoeijo.com/images/huellas.gif
Como podemos observar en el gráfico, cuando convertimos el mundo oloroso en un mundo de imágenes, nos resulta muy simple comprender la forma en que el perro reconoce el sentido desplazamiento de la huella. Prácticamente podríamos decir que la huella, vista de este modo esquemático en imágenes, es como una flecha apuntando en la dirección en que se ha ido la persona rastreada.
Nos queda claro que lo que nosotros podemos comprender con imágenes, los perros pueden comprender con olores. Esto se debe a que, como vimos en módulos anteriores, el perro emplea en la zona ciega su olfato en reemplazo de la vista .... el perro "ve" con su hocico, y es por eso que podemos adiestrarlo como detector si nos centramos en explotar la característica de dichas zonas visuales con la técnica adecuada. Basándonos en estas características vamos a desarrollar un programa de trabajo simple y divertido, mediante el cual convertiremos a nuestro perro en un detector de químicos.
Resumiendo, así como nosotros miramos cifras, los perros las huelen
Lo que estamos sacando en claro de todo esto, y que me interesa sobremanera que el alumno incorpore a su conocimiento, es que para el perro un aroma no es simplemente un aroma sino una combinación de distintos aromas en diferentes proporciones, de la misma manera que el número 1615 es una combinación del 1, el 6 y el 5 en distinto orden y proporciones, es esto lo que hace que el número 5561 sea completamente diferente del 1615 ó del 5166, y nosotros con nuestra capacidad visual selectiva podemos identificar y tabular cada uno de los componentes para encontrar con estas combinaciones informaciones diversas. De esta misma forma el perro puede identificar y tabular distintos aromas con tal precisión que equivale a que nosotros podamos diferenciar miles de millones de números diferentes juzgando las distintas formas de combinar sus diversas cifras.
Algo más sobre el olfato canino
Los químicos envasados al vacío son también perfectamente detectados por los perros. Ya que en primer lugar sabemos que el vacío absoluto no existe en la tierra, no se ha inventado la máquina de vacío capaz de extraer la totalidad del aire de un recipiente, siempre permanece en pequeñas cantidades dentro del mismo. Por otro lado no suele emplearse material suficientemente hermético como para evitar la fuga de pequeñas partículas de estos restos de aire. Por ejemplo algo envasado al vacío en film de polietileno dejara escapar una buena cantidad de moléculas del químico que se encuentre en su interior, la suficiente como para que la dedicada a nariz del perro alcance localizarla. Tampoco escapan al perro las cosas que hayan sido sumergidas en diversos líquidos. Todos sabemos que los perros pueden perfectamente detectar huellas aún en el agua, ya que las moléculas atraviesan la misma y ascienden por el aire de la superficie.
Han sido detectadas por perros sustancias prohibidas en los aeropuertos en los lugares más increíbles, incluso dentro mismo de los cuerpos de personas, muy pocas cosas escapan al sentido del olfato canino.
Conclusión
Con todo esto nos queda claro cuál es la capacidad olfativa de nuestros perros y cómo es que funciona. Hemos ya aprendido en los módulos anteriores de este curso como intervienen en la dinámica cinegética la vista monofocal, la bifocal y el área ciega. Hemos aprendido porqué y cómo es que el perro "lee" con la nariz lo que escriben los olores delante suyo. Hemos aprendido qué razón anatómica de las distintas razas motiva al perro a emplear el olfato a ciertas distancias y cómo emplearemos esta característica para la especialidad. Y hemos aprendido cuál es el motor del comportamiento del perro detector. Vamos ahora a entrar en la dinámica del entrenamiento para la detección de químicos, que en definitiva es el uso práctico que damos los humanos a todo este conocimiento teórico de la etología y la fisiología caninas. Para que, con la ayuda de nuestro ingenio y sus capacidades naturales, podamos mejorar la vida de ambos. La nuestra porque encontraremos otra forma de ganarnos la vida, de prestar un servicio y de dinamizar la economía, y la de ellos porque se divertirán trabajando y tendrán una vida llena de cuidados y atenciones. Avancemos entonces al siguiente módulo.
Orlando Eijo