El Clicker y el Instinto Animal
Por Francisco Requena
Cuando empecé a tener problemas de conducta con mi perro, lo cual agradezco profundamente, me aventuré por los distintos senderos del adiestramiento canino. Hoy voy a relatar mi experiencia, no sólo acumulada por refuerzo positivo, en la aplicación del método conductista, también llamado condicionamiento instrumental y en el mundo canino conocido por “clicker” .
No voy a entrar en largas definiciones de los términos, ya que ocuparían la mayor parte de este documento, no obstante se pueden obtener referencias por cualquier medio ya que son conceptos de mucha divulgación, no sólo científica. En el proceso histórico de la evolución del conocimiento científico, a toda revolución le ha seguido, después de una amplia aceptación y cosecha de alguna decepción, una contrarrevolución que amansa las aguas y permite ahondar en nuevas líneas o hipótesis de investigación. Quiero dejar claro, para que no haya malas interpretaciones, que una de las principales características de un método científico (y el condicionamiento lo es) es la replicabilidad del mismo, es decir, cualquiera, aplicando las hipótesis de partida puede llegar a los mismos resultados. En su otra vertiente, cuanto mayor es el contenido científico, mayor son las posibilidades de crítica por no llegar al mismo resultado utilizando las mismas hipótesis. En este contexto historicista situamos el condicionamiento (clásico y operante) del método conductista sobre el aprendizaje y la etología. Cuando los etólogos K. Lorenz y Tinbergen advirtieron de que si los psicólogos han de comprender y predecir la conducta de los organismos, es esencial que se familiaricen a fondo con los patrones de conducta instintivos de cada una de las nuevas especies que intenten estudiar, estaban en realidad criticando la falta de validez del método conductista en dos de sus conceptos básicos: el empirismo (los organismos no nacen en tabula rasa) y la imposibilidad de una ley general del aprendizaje al margen de las tendencias innatas de las especies. Lo que con las ratas blancas de laboratorio y palomas es posible, no es generalizable al resto de las especies, o no a todas, o no en todo.
Siguiendo dentro del contexto historicista, voy a referirme al trabajo realizado por Kéller y Marian Breland, ambos discípulos de Skinner y que en el 1943 fundaron la Animal Behavior Enterprises (Empresa de la Conducta Animal) desde la que se dedicaron a moldear para exhibiciones, circos, anuncios, cine, a más de treinta y ocho especies animales con un total de seis mil individuos, entre los que se pueden encontrar renos, cacatúas, mapaches, marsopas o ballenas, en un período que va desde su fundación hasta el año 1961 en el que publican un trabajo titulado La Batalla Perdida Contra el Instinto convertido en dura crítica del método conductista.
Así, llegan a decir: [...]En nuestro intento de extender un enfoque de orientación conductista a la ingeniería de control de la conducta animal mediante técnicas de condicionamiento operante, hemos librado una batalla constante contra la sediciosa noción de instinto. Podría resultar interesante para los psicólogos saber como va la batalla y aprender algo sobre la naturaleza del adversario con el que probablemente vayan a encontrarse cuando manejen especies nuevas en nuevas situaciones de aprendizaje. [...]
En el ejemplo del mapache, el cual debía agarrar unas monedas, una por una, en un extremo de una mesa y dejarlas también una por una en otro extremo de la mesa dentro de una cajita, se les presenta la situación de que el mapache es moldeado a agarrar las monedas, pero el problema viene cuando las tiene que soltar, ya que no lo hace. Puede, al cabo del tiempo llegar a soltar una moneda, pero cuando se encuentra con dos monedas en la mano ya es del todo imposible que las suelte. ¿Qué hace el mapache con las monedas? Las frota, su instinto le lleva a frotar las monedas al igual que haría con un cangrejo para quitarle el duro caparazón y así poderlo comer. Igual, pero con otras situaciones ocurre con hamsters, cerdos, vacas, pollos, etc.
Con la introducción anterior, que en mi caso fue epílogo, quiero situar al lector, dentro de lo posible, en el espacio que ocupa dentro de la conducta animal el condicionamiento instrumental. Ahora relato mi experiencia. Ávido de saber, por tener un perro con 10 meses que se lanzaba contra las personas, cuya conducta había sido catalogada por un “etólogo” de “agresividad territorial” y terapéuticamente me recomendaba la castración ( la del perro), no tenía más remedio que buscar soluciones y formarme adecuadamente (cosa que he sustituido por rudimentariamente, lo reconozco). Es en este punto cuando compro el cliker y el libro de Karen Prior Introducción al Adiestramiento con Clicker. Todos los libros de autoayuda me parecen iguales, empiezan en la primera página diciendo lo que vamos a conseguir después de estudiar (en el mejor de los casos) el libro, acaban diciendo lo mismo y uno (el que estudia, en el mejor de los casos) termina con la sensación de haber leído un slogan publicitario durante 60 páginas (también en el mejor de los casos).
Ya, cuando leí la portada me llamó poderosamente la atención el cuaderno que tenía el perro en la boca, y decía Un perro y un delfín 2.0, como buen español pensé en nuestro refranero y me dije [...] como un huevo a una castaña. La verdad, eso no me ayudó a leer con otra cosa que no fuera espíritu crítico (aunque así es como hay que leer). A todo lo del moldeado (aprendizaje por aproximación sucesiva) conductista no puedo decir nada, pero la aplicación de eso sin tener en cuenta la inteligencia canina (en todas sus formas de obediencia, instintiva, etc) me parece un absurdo. Prosigo. Continué con la lectura, pero llegado a la página 8, y me dice que le enseñe a mi perro a “cazar la cola”, no pude dejar de pensar, mirando el exterior de mi perro, de que ese animal precioso, dotado de unas características innatas que le hacen un fabuloso guardián, rastreador infatigable, leal y con unas ganas enormes de sentirse útil (sí, de sentirse útil), de que aquello era convertir a mi perro en un objeto circense, y que además ¿a alguien se le ocurriría en el primer ejercicio enseñar una conducta patológica? Creo que no, a no ser que no se sepa que eso es patológico, es decir, que no se tenga en cuenta la especie, si no la gracia que me hace (que por cierto, a mi no me la hace).
Nada opongo a la relación con los delfines, pero no sé dónde está la similitud entre, obviamente a parte de ser mamíferos, éstos y los perros. El ambiente interactúa, y no tener en cuenta eso es dejarnos mucho en el tintero. El entrenamiento con comida, para un perro es no tener ni idea de qué motiva a un perro, y más grave, te impide cómo averiguar lo que motiva a tu perro. Bueno, a no ser de que uno quiera hacer como en la II Guerra Mundial cuando el general soviético Panfiloff desplazó a 5000 pastores alemanes adiestrados (condicionados) a comer con unas mochilas debajo de los tanques, hambrientos fueron lanzados desde las trincheras el 9 de octubre del 1941, las mochilas eran cargas magnéticas y los 5000 canes murieron al “ir a comer” y destruyendo 1098 tanques y 15000 vehículos motorizados, paralizando la ofensiva alemana sobre Moscú. Con unos trozos de salchicha (que así has condicionado a tu perro) tendrás , permítanme una metáfora, un bonito coche de 600 CV en una pista forestal caminando a 20 km/h.
Por supuesto que mi perro necesitaba otras cosas, y di con ellas, su instinto de pastor iba más allá de levantar la cabeza por encima de una línea.
La gran debilidad de Skinner fue su obra Verbal Behavior (Conducta del Lenguaje), en ella Chomsky encontró el punto de socavación de la teoría conductista, válida como todas por su aportación al conocimiento científico y en un gran proceso de nuevos campos como la biofeedback, pero que en el mundo del adiestramiento animal supuso una crisis, a partir de los Breland, obligando a la psicología animal ir por otros derroteros. El método cliker vuelve otra vez a la etapa de 1943 sin tener en cuenta las experiencias logradas durante estos años, y como tal nada edificante (en el comportamiento de los cánidos) nos aporta, y al que , no obstante, no hay que negar su carácter no violento (evitando el sacrificio de perros por dueños desconsiderados) y los resultados cosechados (sobre todo con delfines).
Francisco Requena